¡Somos libres!

Se esperaba desde hace un tiempo que la intervención del mafioso que ocupa el sillón de la Casa Blanca no tardaría en llegar a Venezuela, ni siquiera el Derecho Internacional ha respetado su chulería. El matón de barrio ha pateado el tablero de juego y ha puesto de relevancia que es él, y no otro, el que decidirá lo que suceda en el mundo, que no es otra cosa que lo que sus cataplines decidan.