«Y entonces, llegaron ellos
Me sacaron a empujones de mi casa
Y me encerraron entre estas cuatro paredes blancas
Donde vienen a verme mis amigos
De mes en mes
De dos en dos
Y de seis a siete».
No recuerdo cuándo escuché por primera vez la canción de Joan Manuel Serrat «De cartón piedra». Lo que sí recuerdo es que me llamó poderosamente la atención y no solo por lo original de la letra. Cantar la historia de alguien que se enamora perdidamente de una maniquí de cartón piedra no parece cosa de mentes corrientes. Lo cierto fue que años después, y sin duda alguna, fue esta canción o seguramente, afinando más, esta estrofa en concreto la que me empujó a escribir un relato que pretendía llevar a corto cinematográfico, mi frustración mayor y asignatura pendiente, porque el hecho de que me gustase aquel «Un golpe de calor» que escribí a principios de la década del 2.000, me animó a escribir otro relato para elegir entre ambos… y así, cuando pasaron tres meses y quise darme cuenta, había escrito tantos relatos como para crear mi primera novela, «De par en Par».
Aquella estrofa de la canción me tenía atrapado, inconscientemente surgía. Cualquier canción que aflorara en mi estado de ánimo era aquella. Como un hechizo. Yo quería escribir como Serrat, lo que no sabía es que como Serrat no se escribe tan fácilmente… nadie como él, pero escuchar sus canciones me ayudó a crecer con unos principios bien arraigados, que ya eran míos, pero que me ayudaron a afianzarlos aún más.
Pensar en esta estrofa no es recluirse solamente en el interior de una celda del psiquiátrico, es recluirse en la vida misma, en cada contexto, en cada situación en la que uno se salga de las reglas del juego establecido, por muy cuerdo que se esté, no se puede ir a contracorriente, porque se corre el riesgo de ser apartado como a quien se enamora de un maniquí de cartón piedra. Solo con ir con frecuencia y plantarse delante del escaparate es suficiente como para ser señalado y que tus amigos dejen de visitarte con la asiduidad que lo hacían anteriormente.
Si Serrat es atemporal es porque cualquiera de sus canciones se sitúan en cualquier tiempo, en cualquier contexto. Hay amigos que, prefiero catalogarlos como evolucionados, más que de chaqueta cambiada, y llega un momento en el que uno mira a su alrededor y comprueba que ya no vienen a vernos de mes en mes, de dos en dos y de seis en siete, no es cuestión de cordura , es cuestión de pensar con las mismas ideas fijas de antaño y no haber cambiado políticamente, manteniendo el sentido ideológico de tiempo atrás.

Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.



