Desinformación y desencanto

Ha resultado muy duro hasta conseguir el derecho a la sanidad o la educación pública, algo que la generación de jóvenes no valoran o no temen que se puedan perder. Y lo peor no es que los jóvenes actuales no sean conscientes, sino que, por lo que parece, en una década venidera los nuevos votantes seguirán la misma brecha, la de la derecha cada vez más radical.

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A toro pasado todo es más fácil y todos más valientes, digo todos porque una vez resuelto el asunto no nos arriesgamos al opinar. Sin embargo, aún sigo viendo enredarse a los comentarias u opinadores descubriendo sobre las mesas televisivas y radiofónicas con cuáles han sido los errores y cuántos los pasos a dar en pro de la solución. Me refiero a lo que a mí concepto ideológico me atañe, la izquierda más cercana al poder, al voto útil.

Todo sigue enredándose en los candidatos, que si son o no los adecuados y me parece que centrándose en ellos es tiempo perdido. Los candidatos influyen a la hora de votar, es algo obvio, pero a mi parecer son tres los puntos más importantes que la propia candidatura y los tres tienen remedio desde el gobierno.

El primero es el de la vivienda, creo que se trata del asunto más importante. Hay muchos ciudadanos que no llegan a final de mes y eso derriba muchas ideologías. La oposición lo sabe y ha hecho todo lo posible porque ningún plan de vivienda se lleve a cabo con éxito. Los ciudadanos sabemos que ese es un asunto de las comunidades autonómicas, sin embargo, eso no aleja a los ciudadanos de la oposición, la verdadera causante por lo que le corresponde.

El segundo tiene que ver más con la edad de los votantes. No cabe duda de que el abstencionismo electoral es importante, pero no lo es determinante. El ejemplo está en que para la oposición no afecta. Viendo vídeos de reuniones públicas de carácter político en las elecciones andaluzas celebradas ayer, me llama poderosamente la atención que, en las del PSOE, la edad de la mayoría de los asistentes son personas cercanas a los cuarenta años en adelante, son gente que les ha costado mucho esfuerzo llegar a disfrutar de unos derechos ciudadanos que actualmente están en peligro, servicios públicos como la educación o la sanidad. Ha sido muy duro hasta conseguirlos, algo que la generación de jóvenes no valoran o no temen que se puedan perder. Y lo peor no es que los jóvenes actuales no sean conscientes, sino que, por lo que parece, en una década venidera los nuevos votantes seguirán la misma brecha, la de la derecha cada vez más radical.

Es ahí donde me parece que el gobierno no es consciente, en que la desinformación y el desencanto es el mayor peligro. Las redes sociales han conseguido crear ese movimiento derechista en todo el mundo y es en ese apartado donde el gobierno tiene que poner remedio. Publicar desinformación y odio al diferente debe de ser castigado por ley de la misma manera que se amenaza o acosa personalmente.

La ultra derecha siempre va un paso por delante y eso no se puede permitir, hay que pararle los pies. Están organizados hasta tal punto en el que los jóvenes son convencidos con bulos y desinformación sin ser conscientes de ello y si, además, se encuentran con que la justicia va acorde a la senda de los ultras (tercer punto en cuestión), acaban adoctrinados ciegamente a una ideología dogmática, rechazando el pensamiento crítico y viendo a los grupos externos como a enemigos, operando bajo dinámicas de control psicológico, emocional y de la información.

Resumiendo, son esos tres los puntos que el gobierno debe controlar: la vivienda, la desinformación en las redes sociales y la justicia, si no quiere pasar a la oposición en las elecciones generales del próximo año.

Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.

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