Fresas con nata

Las vi tan sabrosas, rojitas, en su punto de maduración, y pensé en ti... Bueno, ya sabes que apenas pienso en otra cosa que no seas tú.

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He comprado fresas. ¡Están buenísimas! Son de temporada, y como sé que te gustan tanto traje una cajita, de las pequeñas, de esas de madera que contienen un kilo. Las he lavado poniéndolas debajo del chorro del grifo antes de cortarle el tallo, para que no le entren agua en el interior. Las he troceado en el cuenco de cerámica que te regaló Carla para tu cumpleaños y bañado en nata; luego las espolvoreé con edulcorante. El doctor dijo que evitásemos el azúcar en lo posible. ¡Tenemos que cuidarnos, amor mío! Cuando fui esta mañana al mercado… Ya sabes que los martes es el mejor día para comprar. No sé por qué te lo digo precisamente a ti, si tú fuiste la que me lo enseñaste, que los martes y los jueves son los días en que entran los productos frescos a la plaza de abastos. Las vi tan sabrosas, rojitas, en su punto de maduración, y pensé en ti… Bueno, ya sabes que apenas pienso en otra cosa que no seas tú.

Toma, pruébalas… Están buenas, ¿verdad? Antes de conocerte rara vez comía fruta, ¿lo recuerdas? Tú fuiste la que me enseñaste a comerlas, a apreciar su sabor y el valor nutritivo. Me enseñaste tantas cosas… Cada vez que pienso en todo lo que hemos vivido juntos y en lo que hubiese sido mi vida de no haberte conocido se me traba la imaginación… es como si no hubiera sido posible una vida sin ti.

Mañana vendrá Carla a hacerte compañía. Es una jovencita muy guapa. Se parece a ti, tú tenías su misma sonrisa cuando te conocí. Hemos tenido mucha suerte con los hijos, y también con los nietos. No sé qué hubiésemos hecho sin ellos, se desviven porque no nos falte de nada. La nieta vendrá temprano, se quedará contigo hasta que yo regrese de la visita al otorrinolaringólogo, este oído derecho ya no es el que era, tanto es así que a veces, sin darme cuenta, cuando me hablan giro la cabeza orientando el izquierdo. Acabará por producirme tortícolis… Ya podrían haber elegido otro nombre un poco más fácil de vocalizar, o-to-rri-no-la-rin-gó-lo-go, ¡qué barbaridad! Toma, come fresas… Me las estoy comiendo yo todas.

Se me olvidó decirte que han abierto una floristería en el local de abajo. Ayer cuando pasé por la puerta vi a través del escaparate cómo colocaban unos estantes en el interior y hoy ya habían abierto al público, tienen mucha variedad de plantas y flores. Si me acuerdo mañana, a la vuelta del médico del oído, me llegaré y compraré un jazmín para el balcón. Al del patio no sé qué le ocurre, ha dejado de echar flores. Creo que las heladas caídas este invierno le han perjudicado. No quiero que llegue el verano y no tengas jazmines, con lo que tanto te gusta ponértelos en el pelo y en la mesilla de noche para ahuyentar los mosquitos.

¡Toma, abre la boca! ¡Ummm, qué ricas! Esta nata que he comprado nueva me gusta más, es más suave al paladar que la otra. ¡Toma, abre esa boquita dulce, vida mía! Vaya, te quedó la nata por fuera. Déjame que te limpie con la servilleta, que tu boca luzca esa linda sonrisa. Tanto tiempo callada… Tanto tiempo ausente…

Texto extraído del libro de relatos «Las Alas del Destino».
Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.

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