Operación Harper

Cuando la realidad no es lo que aparenta.

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—No tengo ni la más remota idea de cómo vamos a llevar a cabo la operación. El edificio está demasiado concurrido como para pensar en que todo pueda salir bien.
—¡Ten confianza querida, será todo un éxito! Pero debemos de ir con cautela, sin perder de vista a la vigilancia.
—Sí, Max, pero no será fácil. Los vigilantes no se relajan ni un solo momento.
—Confía en mí, tengo un plan que no puede fallar. Tenemos que hacernos con la fórmula antes de que los agentes de KAOS la encuentren.
—Pero para eso tendremos que actuar rápidamente. Los agentes enemigos son buenos, muy buenos.
—Sí, pero nosotros siempre seremos mejores espías que ellos.
—De eso no me cabe duda, Max. Estoy convencida de nuestra valía.
—Cuando el vigilante de la puerta se ausente, yo saldré tras él, me he dado cuenta de que cuando lo hace a estas horas nunca cierra la puerta del salón con llave. Aprovecharé la oportunidad. Tú debes de estar alerta y siempre sin perder de vista la terraza del exterior, nunca te dejes ver a través del ventanal, en cualquier momento puede localizarte el francotirador y no tendrás opción de escapar si sospecha que algo raro ocurre y decide disparar. Si no he regresado en el tiempo acordado, y mientras tanto regresa el vigilante, aprovecha tu enemistad con la señora Martínez para provocar un revuelo que despisten y entretengan al personal del edificio.
—No te preocupes, no fallaré.
—Ya sé que no lo harás, eres la mejor compañera que podría tener. Sin tu participación esta operación no tendría tantas opciones de éxito.
—Gracias, por tus palabras de apoyo.
—¡De nada, querida!
—Si al menos supiésemos el paradero del doctor… todo sería más fácil. No tendríamos que aventurarnos en comprobar si fue verdad, como dicen, que se jubiló y se retiró profesionalmente.
—¡Hazme caso, todo fue una pantomima! Estoy convencido de que lo asesinaron, que todo aquello fue un montaje para no levantar sospechas.
—Pero Max, él también estaba presente en aquel momento y lo confirmó personalmente.
—Sí, pero no podemos fiarnos de lo que pudiera aparentar. Yo entendí claro que el doctor estaba bajo amenazas cuando nos hicieron creer que su despedida era por un relevo lógico y natural, le noté una evidente inquietud en el parpadeo, se encontraba algo nervioso. Fue una señal dirigida a nosotros para que investigáramos el asunto.
—Y, aun siendo así, ¿no te resulta extraño que la señora Steinberger no le hubiese torturado antes para que confesara dónde tenía escondida la fórmula? Ella tendría que ser consciente de que sin la confesión del doctor sería mucho más difícil encontrarla.
—Sí, también he pensado en eso, pero es lógico llegar a la conclusión de que no debería de existir un lugar más seguro para guardar el líquido que su propio despacho, es donde más horas del día pasaba.
—¡Es verdad! Tengo que reconocer que me sorprendes en cada análisis que haces de la situación. Confío mucho en tus cualidades de espía… aunque, me quedan varias dudas, ¿cómo sabremos las características de la fórmula, no podría haberla dejado escrita en un papel?
—No, demasiado previsible, sería lo primero que buscarían. He pensado en una posibilidad, en la que el Doctor Harper fabricara una cantidad mínima, un cuarto de litro aproximadamente, no se me ocurre que pudiera ser menos cantidad que esa. En cuanto al recipiente, debe de ser el termo color salami que acostumbraba a traer cada día para el almuerzo y que mostraba muchas veces ante los ojos de todos como si realmente contuviese café; también he pensado que podría tratarse de una falsa distracción para confundirlos a todos y así hacer de él el recipiente ideal, el menos sospechoso para esconderlo.
—¿Realmente crees que debe de ser tan importante su descubrimiento como para asesinarlo?
—¡Por supuesto, querida! Todo indica que su descubrimiento debe de ser uno de los más importantes de esta época.
—Estoy sorprendida de tu capacidad. ¡Eres sorprendente!
—El combustible nuclear puede tener una capacidad energética como para enviar un cohete a la luna veinticinco veces ida y vuelta. Por eso deduzco que debe de estar muy concentrado, en poca cantidad.
—¿Y cómo sabremos que era ese el líquido cuando lo encontremos?
—¡Es fácil deducirlo! Tendrá el mismo color de la gasolina. La misma palabra lo dice, combustible. ¿Cómo te imaginas que pudiera ser si no fuese de ese color?
—¡Es verdad, Max, pero qué tonta soy! ¿Cómo no he podido caer en ese detalle…?
—¡Cuidado, 99, se acerca la señora Steinberger…!
—¿Qué estaréis tramando? No me gusta nada ese misterioso cuchicheo que os traéis los dos durante toda la mañana. Toma, Marta, tu medicación. Y la tuya Luis… Bebe bastante agua para que te bajen las píldoras, no me fío de ti. Últimamente te noto demasiado revoltoso y no sé por qué me da la intuición de que escupes las medicinas en cuanto me doy media vuelta. Portaos bien, y recordad que mañana es domingo, día de visita, y vendrán vuestras familias a visitaros….

Propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez
Publicado el domingo, 26 de julio de 2020 en el blog ¡Cúbreme la espalda!

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