Nunca me gustó la gente que va por la vida vestida de ambigüedad, no me merece confianza, credibilidad ninguna.
Hace un par de años rompí relaciones amistosas con un buen escultor de mi ciudad, muy bien considerado en su arte, sin embargo hubo un detalle en su actitud que me hizo rechazar cualquier tipo de contacto con él. En una publicación en las redes sociales publicó una imagen antigua de la ciudad y un tipo comentó que en aquellos tiempos, en los años cuarenta, se vivía muy bien en este país. Yo entré al trapo, en términos taurinos, y le respondí que solo algunos privilegiados podían opinar así, pues no hay nada de positivo que concluir bajo el garrote cruel del dictador. En pocos minutos encontré respuesta del escultor, que me reprochaba usar la política en su muro, sin embargo, al pro franquista no le reprochó absolutamente nada, solo a mí. Tras eso no hay que estudiar mucho para darse cuenta de qué lado estaba.
Ayer, sin ir más lejos, el portero de la Selección Española de Futbol, Unai Simón, criticaba las palabras de Kylian Mbappé un día antes por posicionarse políticamente ante el avance de la ultra derecha (o fascismo, para no andarse con rodeos). El futbolista francés pedía a la gente joven de su país que fuesen a votar y a posicionarse en favor de la igualdad, de la tolerancia y el respeto, de la democracia y los valores que representa, lo que va en contra del ADN de los fascistas. Una actitud que le honra, a la que creo que hay que aplaudir y agradecer. En cambio, Unai Simón vino a decir que los futbolistas no están para meterse en política, que tienen mucha repercusión y que de lo único que deberían hablar es de temas deportivos. La equidistancia del portero español me recordó al escultor de mi ciudad.
Bajo mi opinión, debería de ser todo lo contrario, aprovechar esa repercusión para alzar la voz en favor de las injusticias y más vulnerables. Callar es otorgar, aceptar por no mojarse, una actitud egoísta y mezquina, pues no se puede ir escondiendo la cabeza como el avestruz ante todo lo comprometido, como la falta de apoyo hacia sus compañeras futbolistas, el silencio vergonzoso ante el racismo de sus propios compañeros o la homofobia en el deporte, el mismo que les ha hecho tener tanta repercusión y ganar tanto dinero.
Hay que hablar, opinar, y dar la cara, que sepamos a quienes hay que apoyar y a quienes rechazar por sus actitudes ante la sociedad. No queremos pan y circo sin más.

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