Solo para parir

En cualquier contexto, el valor de la mujer está por encima de cualquier cosa y el hecho de poder ser madre puede llegar a situarla en un peligro o en un tesoro, dependiendo de lo que los más desaprensivos y detractores vean en ellas.

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Por estos días estoy viendo la serie «El cuento de la criada» y tengo que confesar que pocas historias me han provocado tanta indignación, las ha habido, pero en esta hay personajes que si pudiera los borraba del recuerdo, ni siquiera en ficción. Hay protagonistas que sería mejor ignorar para no crear fantasías en mentes retorcidas que puedan hacer suya la propuesta y llevarla a la realidad. Si repasamos algunos detalles nos encontraremos con que no solo no están muy alejados de lo que pudiera suceder en un futuro sino que ya en tiempos pasados algunos conceptos fueron lo establecido socialmente.

Uno se indigna con facilidad cuando ve cómo se tratan a las mujeres, de la manera más despreciable, aunque no a todas, porque dentro del género femenino las hay más miserables que los propios hombres, no es el uso de la mujer solo por serlo sino por el hecho de la necesidad establecida. La historia está basada en la novela del mismo nombre, de 1985, de la autora canadiense Margaret Atwood.

La trama se basa en la infertilidad, en un escenario distópico emergido después de una guerra civil en lo que serían los Estados Unidos de América, un país totalitario y teonómico llamado República de Gilead. Ser mujer y fértil es el peor castigo para quienes deberían tratarse como la solución al futuro de la humanidad, sin embargo, lejos de tratarlas con la mayor de las delicadezas, son forzadas a la esclavitud sexual como mero objeto de uso, eso sí, siempre bajo el mandato omnipotente de Dios.

Pero no trato de hacer una crítica cinematográfica, nada de eso, además está fuera de actualidad, se estrenó en 2017. Mi intención es la de recomendarla por lo parecido que encontrarán con las ideas fascistas que de nuevo van recorriendo los cuatro puntos cardinales de las sociedades democráticas de hoy, un peligro a la vuelta de la esquina que, muchos y especialmente muchas, no valoran. El extremismo religioso siempre fue de la mano del fascismo e hizo en momentos puntuales de la historia su ideología, tampoco es algo descabellado pensar que a las mujeres se las puedan usar como objeto de uso, solo para parir, si nos situamos en un mundo en el que los seres humanos vamos perdiendo nuestra propia inmunidad y la capacidad de reproducirnos se va eliminando. El agua, el aire… si todos los elementos básicos que necesitamos para sobrevivir se contaminaran nos podríamos encontrar en una situación similar y si lo pensamos con detenimiento veremos que no es nada disparatado. En cualquier contexto, el valor de la mujer está por encima de cualquier cosa y el hecho de poder ser madre puede llegar a situarla en un peligro o en un tesoro, dependiendo de lo que los más desaprensivos y detractores vean en ellas.

Sin ir más lejos, en la época de mis abuelos, e influenciado por el extremismo religioso, las mujeres podían llegar a parir un número de hijos casi escandaloso para hoy, ocho, diez, doce… quizás más, y muchas de ellas no se habían mostrado desnudas ante sus maridos, en oscuridad o vestidas, así, sin más, para que el «pecado» no formara parte del significado de procrear. Así como tampoco es algo ajeno o desconocido para nadie que las mujeres, hasta no hace mucho tiempo relativamente, hasta los años sesenta del siglo pasado, no tenían derecho propio ni sobre sus hijos ni a tener propiedades como poseer una cartilla de banco a su nombre o a poder viajar solas sin el consentimiento del marido. Ni siquiera hoy, en la actualidad, en muchos lugares del planeta está libre de esclavitud social por el hecho de pertenecer al género femenino.

Sería bueno recordar siempre nuestra historia, tenerla constantemente presente. Los seres humanos somos capaces de lo mejor y lo peor y es aconsejable no perdernos de vista porque, en cualquier momento, la maldad de muchos nos pueden llevar por senderos de involución y todo lo conquistado o superado en derechos sociales se nos puede esfumar de la realidad como en una siniestra pesadilla, y no solo para las mujeres, todos somos presa del radicalismo y la maldad del ser humano.

Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.

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