Trama para una novela fascista

Por su parte, los buenos no son siempre los que más seguidores aglutinan, ser malo malísimo crea adicción y un halo que difícilmente un bueno puede conseguir.

Tabla de contenidos

Ando ideando la trama de una nueva novela y claro, es casi imposible quedarse al margen de la actualidad.

Estoy pensando en imaginar una historia que al final, o en la página de los créditos, la cuatro, aclarar que se trata de una historia de ficción, que algún parecido con la realidad es pura coincidencia. Sin embargo, si la trama va sobre una sociedad democrática que se ve acorralada por los herederos fascista de una dictadura vivida relativamente reciente, como es el principal partido de la oposición, o la judicatura, con la mayoría de los jueces provenientes de la dictadura, hijos y nietos que heredaron las togas, o parte de la policía de investigación que en lugar de servir a la democracia lo hacen para los herederos de la dictadura, que no tienen otro fin que el de acabar políticamente con los gobernantes elegidos por el pueblo.

He pensado que tengo que tener cuidado con los nombres de los protagonistas, porque si advierto que se trata de una historia de ficción y que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, pues algunos se darán por aludidos, y claro, no está el horno para muchos bollos.

Había pensado en nombres o apellidos sencillos, para los buenos y para los malos, estos últimos parece que siempre levantan más paciones, dependiendo de qué tipo de lector, por ejemplo, los más ignorantes y con poco grado intelectual se identifican más con los malos y si encima llevan nombres o apellidos comunes (no confundir con comunistas) como Feijóo, Peinado, Hurtado, Gamarra, Marchena, Ayuso o Aznar acaban por tener una legión de seguidores o admiradores, pero como la propia trama dicta, todo es ficticio y de la misma manera, al menor error o que los seguidores descubran que todo es una farsa, los malos protagonistas terminarán por ser desterrados y nunca más volverán a creer en ellos.

Por su parte, los buenos no son siempre los que más seguidores aglutinan, ser malo malísimo crea adicción y un halo que difícilmente un bueno puede conseguir.

En esas estoy nadando, las aguas son turbias y revueltas y no me atrevería a decidir con seguridad plena un final para la trama, todo parece que los malos llevan la de ganar, por experiencia sé que un acontecimiento dramático de ultima hora puede cambiar el sentido y razonamiento de los lectores espectadores, así que creo que dejaré el final indeciso, y aunque tengo varias, principales y secundarias, no voy a dar ideas, hay gente muy loca que serían capaces de tomarse en serio una simple propuesta novelesca y acabar como el rosario de la aurora, no vaya a ser como aquella vez en la que los malos, tratando de ganar crearon una mentira y perdieron, algunos hasta sus vidas.

De todas maneras, no hay que esperar a que otro acontecimiento dramático haga cambiar el rumbo de la historia, los buenos no lo necesitamos, tenemos de nuestro lado el arma más poderosa para la lucha, la democracia.

Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.

Comparte

Otros Artículos

Incitación a la violencia

No hay nada más que la consecución al poder subrayada en hoja de ruta, de la manera que sea, con las herramientas que sean necesarias, no importa si por el camino la sangre llega al río o si se usan a las víctimas para teñir de sangre y pérdidas humanas los caminos que llevan al poder.

Solo para parir

En cualquier contexto, el valor de la mujer está por encima de cualquier cosa y el hecho de poder ser madre puede llegar a situarla en un peligro o en un tesoro, dependiendo de lo que los más desaprensivos y detractores vean en ellas.

80 años de la barbarie

Auschwitz-Birkenau, el mayor campo de exterminio y concentración del nazismo de cuya liberación se cumplen este lunes 80 años. La barbarie más cercana a nuestros

Cuando rugen las perseidas

Andábamos por el final de la década de los sesenta en Alcolea de Córdoba y ya han llovido estrellas desde entonces. Recuerdo la noche en que vi llorar a San Lorenzo por primera vez.