Lecturas en la edición que pueden modificar la historia

El esquena y la improvisación.

Tabla de contenidos

Tanto en la escritura como en la pintura me sucede, que cada vez que repaso el trabajo en el que estoy inmerso me surge una idea que termino por aplicarla, lo que supone que a veces me puede llevar por otros derroteros distintos a los originales. Uno empieza por retocar y no sabe por dónde va a terminar.

Sí, eso es así de simple, al menos para mí, que no soy creador de estructuras preconcebidas, soy animal de improvisación. Rara vez me enfrento a un nuevo trabajo con planos diseñados hasta el final, me dejo llevar por lo que la intuición me demanda. No soy de aquellos que sin GPS están perdidos, no, me gusta, me divierte aventurarme y hasta sorprenderme. Ya hace mucho tiempo que no me llevo la contraria, pongo las herramientas y el soporte ante mí y comienzo a plasmar, a garabatear, a teclear en el ordenador y cuando quiero darme cuenta ya están los puntos necesarios por los que me tengo que dejar llevar, el esquema primario. Después suele visitarme la bendita improvisación para recomendarme que ahí hay donde escarbar. Sí, escarbar, porque lo que busco está ahí, tan solo tengo que buscarlo y empieza a aparecer entre pigmentos, entre tinta.

Ser instintivo tiene sus ventajas, aunque de igual modo su lado menos fiable, claro que la fiabilidad se valora conociéndose a uno mismo. Si no creyera en mi capacidad instintiva no podría dejarme llevar por lo primero que se me ocurre. De todas maneras, no es algo tan sencillo como ponerse a trabajar y comenzar a fluir resultados aceptables, no, no es así. Los esquemas, las estructuras se van modificando al mismo tiempo que la improvisación ofrece, o demanda, porque igual no me he dado cuenta de lo que puede aparecer al doblar la esquina y al hacerlo, ella, la inspiración, con su capacidad persuasiva, me marca por dónde debo de seguir.

Tengo que reconocer que la improvisación me ha dado mucho, me ha hecho creer en mí, pero a veces tengo que tener cuidado porque, como aparece con mucha frecuencia, a la hora de crear está bien, pero si se trata de repasar, corregir, editar o solamente releer buscando errores de perspectiva, en la temperatura de los colores, volúmenes, gramaticales u ortográficos, siempre surge una idea, que por pequeña que aparente puede llevarme a cambiar, modificar ese contexto o universo de la obra en sí.

Eso solo me ocurre con mi trabajo, con mis creaciones, nunca con trabajos de otros ya realizados. Nunca se me ocurre pensar en cambiar un párrafo, un personaje o un acontecimiento en un libro que esté leyendo, ni en un cuadro que esté observando, ahí mi creatividad no me sugiere cambiar nada. O me gusta o no me gusta.

De todas maneras, esto no es más que parte de mi método, mi técnica en crear, la experiencia marca los desarrollos y si hay algo a lo que me obligo es a dar por acabado un trabajo en algún momento determinado del proceso y nunca volver a repasarlo, lo acabado acabado está, porque de lo contrario te puede llevar por resultados menos gratificantes.

Propietario de todos los derechos legales Antonio Torres Rodríguez

Comparte

Otros Artículos

Saltarse las reglas

Pensar en esta estrofa no es recluirse solamente en el interior de una celda del psiquiátrico, es recluirse en la vida misma, en cada contexto, en cada situación en la que uno se salga de las reglas del juego establecido, por muy cuerdo que se esté, no se puede ir a contracorriente.

En estado tóxico permanente

La mafia uniformada y con toga ha situado a la justicia en una peligrosa realidad, no hay confianza en ellos, nos sentimos desprotegidos. Tanto es así que los otros problemas sociales casi no me preocupan.

Desinformación y desencanto

Ha resultado muy duro hasta conseguir el derecho a la sanidad o la educación pública, algo que la generación de jóvenes no valoran o no temen que se puedan perder. Y lo peor no es que los jóvenes actuales no sean conscientes, sino que, por lo que parece, en una década venidera los nuevos votantes seguirán la misma brecha, la de la derecha cada vez más radical.

¡Somos libres!

Se esperaba desde hace un tiempo que la intervención del mafioso que ocupa el sillón de la Casa Blanca no tardaría en llegar a Venezuela, ni siquiera el Derecho Internacional ha respetado su chulería. El matón de barrio ha pateado el tablero de juego y ha puesto de relevancia que es él, y no otro, el que decidirá lo que suceda en el mundo, que no es otra cosa que lo que sus cataplines decidan.