Un arañazo en la oreja bien vale la presidencia

Demasiados detalles poco creíbles o al menos dudosos como para creérselo a sí, sin más, sin una pizca de malicia, y más aun tratándose de quien se trata.

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No pretendo ser mal pensado, pero me agarro como a un clavo ardiendo al refrán que dice: «piensa mal y acertarás» para opinar sobre el «frustrado asesinato» del candidato a presidente de los E.E.U.U. Donald Trump, pero es que me resulta tan burda la puesta en escena que me es imposible pensar en que las casualidades también se pueden dar. Demasiados detalles poco creíbles o al menos dudosos como para creérselo a sí, sin más, sin una pizca de malicia, y más aun tratándose de quien se trata, el que para mi opinión es el personaje más peligroso a cuanto estabilidad mundial se refiere, un especialista en el juego sucio. No puedo asegurar que llegaría a vender a su propia madre con tal de ocupar de nuevo la presidencia de los Estados Unidos, pero de lo que sí estoy seguro es de que un arañazo en la oreja bien podría valerla.

No cabe duda de que el intento fallido de magnicidio le otorga el poder directamente tras las elecciones, es algo casi matemático. Resultaría una sorpresa descomunal que no fuese así.
Les confieso que sigo con sumo interés las noticias referentes al «arañazo de oreja» esperando una noticia sorpresa mundial, aunque a mí no me sorprendería en absoluto, contándonos que lo supuesto no fue real y que lo que parecía no era tal, sino un montaje o puesta en escena para pasar por la derecha al cuestionado Joe Biden a toda velocidad hasta la Casa Blanca. En este mundo todo es posible…

Viendo las imágenes del «atentado», lo primero que se me ocurrió fue cómo y de qué manera montaría una trama en una novela en la que el guion se desarrollara al rededor de un magnicidio y lo vi clarísimo, el desarrollo, los personajes… aunque tengo que confesar que habría cosas, detalles que resultan demasiado previsibles y por tanto poco creíbles.

Sobre lo que leo y escucho en los periódicos y programas televisivos más influyentes, el autor de los disparos, Thomas Matthew Crooks, de 20 años y votante republicano, se situaba a la vista de casi todos sobre un tejado con un rifle sin otra intención que disparar sobre el candidato, porque nadie creerá que estaba allí casualmente para disparar a las palomas… Sin embargo, el sistema de seguridad fracasó burdamente. ¿Cómo puede ocurrir eso, en un país donde las armas de fuego las hay al alcance de cualquier desequilibrado mental?, pero ocurrió, y ocurrió trayéndome a la memoria al presunto asesino de John F. Kennedy, Lee Harvey Oswald, que fue asesinado a su vez antes de que pudiera confesar y ayudar en el esclarecimiento del magnicidio con sus declaraciones. En este episodio actual fueron ocho disparos los que realizó antes de que los francotiradores acabaran con su vida, también desde un tejado de la zona.

El candidato se echó mano a la oreja al sonar el disparo, un segundo o dos después Trump mira su mano y la vemos todos, no hay rastro de sangre (cualquiera podría pensar que fue él mismo quien se hizo un corte en el cartílago del órgano del oído)… Seguidamente se agacha tras el atril y los agentes trajeados de negro le rodean, en esos momentos el tirador ya ha sido abatido por los francotiradores, entonces emerge como el Ave Fénix de entre los guardaespaldas con la cara como la de un cristo y con el puño en alto en señal de rebeldía.

El tirador ha caído. Tenemos que movernos, señor -dice un agente.
Déjenme tomar mis zapatos -pide Trump en varias ocasiones antes de abandonar el lugar.
La conversación de esos momentos entre el equipo de seguridad y el propio candidato da mucho que pensar, ¿a quién se le ocurre acordarse de ponerse los zapatos en ese momento, con la que estaba cayendo? Yo estaría cagadito de miedo y no tendría conciencia de si llevo puestos los zapatos o no, aunque, claro, yo no soy tan valiente como Trump. Además de lo extraño que resulta que no se llevaran rápidamente del lugar al agredido ante el peligro que corría, pues podría haber más tiradores, sin embargo, la confianza y tranquilidad entre ellos y el propio expresidente de que ya no había más tiradores, que ya no había peligro, parecía clara.

Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.

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